"Some time later"

sábado, 8 de diciembre de 2007

"Serà lo que més convingo"

Mi abuela Fermina, más conocida por mí como La Padrina, debería ser la quintaesencia de la abuela por excelencia.
Una tarde con ella es mucho más intensa y -por qué no- arriesgada que una tarde urbana al uso, de cines, compras o paseos.
Te recibe con sencillez y callada alegría y empiezan los rituales consabidos de una vida que transcurre entre parámetros que siempre se repiten: "Ahora abriremos las ventanas y cerraremos las puertas, para que ventile." "Ahora bajamos a comprar el pan y los espárragos."
Normalmente no se puede salir a la calle en los días de más frío, bajo riesgo de atrapar un resfriado que amenazaría con alargarse todo el invierno. Pero hoy está animada y, pícara, me propone ir a comprar juntas bajo juramento de no desvelar a nadie tamaña infracción de la norma. Asegura que ya está en baja forma para hacer las compras; sin embargo, en el supermercado, mira todos y cada uno de los productos, me pregunta su opinión sobre ellos para después siempre mantenerse firme en sus principios: no, mejor esta marca, mejor este producto.
Después, cocinamos. La más mínima iniciativa fuera de los cánones es recriminada: "¡No! Mejor esta cazuela la pondremos en este fuego, y, cuando quede libre, pasaremos aquí la paella de freír."
Pero, si digo la verdad, nunca me han ofendido en lo más mínimo todas estas leves correcciones y recriminaciones. Después de una hora con ella, entras aún sin percatarte en otra dimensión del espacio y del tiempo. El marco de referencia se estrecha pero no comprime, se aquieta. Entre tres paredes, entre la distancia que separa las agujas de una hora y otra (en la que tocará cambiar de habitación) parece, al contrario, que la realidad se ensancha y se extiende minuciosamente ante nuestras acciones y palabras mínimas.
Contemplo con regocijo con qué esmero fija su atención en una cazuela, en la otra, con qué mano certera conoce el momento preciso en que debe apagar un fuego, encender otro, probar la comida, añadir agua. Su coordinación de movimientos es tan exacta, su concentración tal, que de golpe me siento afortunada huésped invitada a la realización de un ritual sagrado, que finalizará con nuestra toma de contacto con los dioses (domésticos). Pero ella, ajena a mi mirada benevolente, obseva mi sonrisa y se justifica suavemente, qué cosas tenemos los viejos, ¿verdad? ¡vaya cháchara te estoy dando!

La hora mejor: habiendo comido, la charla se alarga imperceptiblemente; nos deplazamos de la cocina al sofá del comedor. Ella en la butaca, yo en el sofá, la luz va declinando a su espalda, las sombras van ocupando su rostro; sin embargo, sus rasgos cada vez me aparecen más diáfanos, su mirada más viva, mientras, ya confiada, los deberes cumplidos, va dejando rienda suelta a sus palabras.
Tengo una padrina zen, pero ella no lo sabe. En la quietud de la tarde, la suavidad de su gesto y sus palabras nos llevan a un rincón apacible: la sombra de unos sauces, un amanecer en un lago, o una puesta de sol desde un puente, junto a una costa deshabitada.
Me habla de todas las vidas con las que ha tenido contacto: de sus vecinas, de sus amigas de Lleida, de aquella tan esotérica que esperaba feliz a la muerte (parece que siempre le decía: "Me hace una ilusión morirme...") y que murió sútitamente a la salida de un congreso esotérico. Se pregunta: "¿Dónde habrá ido a parar, ella, tan optimista, qué se habrá encontrado?". Repasamos toda la genealogía familiar, la situación actual de tíos y sobrinos, y para todo tiene la misma conclusión: "Ves! Serà lo que més convingo." Ella no opina, no juzga, pero siempre le interesan con fruición los avatares imprevistos de tantas gentes, los que ha tenido cerca, los amigos de sus amigos o sus familiares, o incluso aquellos de los que tan sólo ha oído hablar. Es una red que atrae mil destinos distintos; quien a ella se acerca (tan tímida, tan quieta, supuestamente pesimista) no puede evitar sincerarse y contarle su vida y andanzas de principio a fin. Y ella todo lo recuerda, todo lo trenza después y lo explica a unos y a otros. Mi abuela es un receptáculo de vidas, un archivo viviente de historias verídicas, y no lo sabe.

Me habla sobre libros de espiritualidad, sobre Kübler-Ros y La Rueda de la Vida, y cómo esta doctora llegó a entrar en contacto con experiencias más allá de la muerte. Es un libro que relee una y otra vez, junto con otros que tratan de la vida, de la muerte. ¿Y a quién no le preocupan esos temas? Alguien podría decir que se obsesiona, que debería pensar en cosas alegres, como dicta machaconamente nuestra sociedad de falsa juventud eterna. En su caso, por su expresión apacible sé que simpelemente se está enfrentando a lo inevitable, para cuando llegue, con tanta naturalidad que debo quitarme el sombrero como se hace ante los valientes.
Yo contrataco con Anthony de Mello, le brindo lecturas que tal vez puedan entretenerle el tiempo. Me sorprende la rapidez con que entiende lo que trato de expresarle. Se da cuenta, dice, que la religión cristiana ya está anticuada, que nos han insistido tanto en el sufrimiento, y que no puede ser feliz alguien que se sienta lleno de culpa y remordimiento por no ser más bueno. Parece mentira que una persona creyente de su edad pueda tener opiniones tan matizadas. Me dice "claro, si la religión es un misterio, ¿qué se puede decir de todo ello? Cada uno tiene parte de razón." Así se lo decía ella a su amiga esotérica, que bueno, que en la reencarnación no cree ni deja de creer: lo que tenga que ser ya se lo encontrará cuando llegue su hora. Luego, enlazando historias, me comenta el caso de otra amiga suya, que tenía mucha mejor salud pero siempre estaba maldiciendo por todos sus dolores. "Ésta -me contaba- tiene un problema, porque no acepta nada de lo que le pasa. Debe de estar ya amargada. Y mira que es extraña la vida, porque a esta en misa la llamaban "la guapa", siempre parecía 20 años más joven..." "Yo al menos (dice) acepto lo que me pasa, y, cuando espero que pase el tiempo, pienso en mis cosas, rezo un rosario...Sólo sufro porque la familia tenga que ocuparse demasiado de mí, sé que esto es un accidente para todos. Pero, claro, es así...Dios me ha querido dar estos años de más y que pasara más tiempo con mi familia, pues..." (Y se levanta de hombros con resignación cristiana, y aún más, con entereza de la abuela universal que es.)

He ido a entretener a mi abuela, a hacer sus horas más ligeras, y me doy cuenta de que ha sido ella la que me ha entretenido y aligerado a mí. He venido a ver a una anciana necesitada y me voy con pesar, dejando atrás a un ser sabio, que todo lo entiende y todo lo acepta y parece que ve todas nuestras vidas desfilar ante la ventana; de hecho, debe de percibirlas con mayor nitidez que nosotros mismos, que sólo tenemos tiempo para vivirlas, no para verlas en perspectiva.

Y nadie podrá nunca quitarle la razón: en lo que concierne a destinos humanos, todo será al final "lo que més convingo."

2 comentarios:

raquel dijo...

Hola isa.
Estoy encantada de que escribas en un blog!
Hoy he encendido el ordenador y he entrado con curiosidad para ver si había algo mas.
Me pasaba lo mismo con mi abuela. Un día por semana iba a comer con ella. Salía del trabajo corriendo para su casa con la cabeza aun llena de cosas: esta tarde tengo que acabar esta lámina, debo llamar a tal...y al llegar me empezabaa a explicar sus cosas. No se bien como pero recuerdo que volvía al trabajo siempre andando y ´me pasaba como cuando vas de viaje y vuelves y todo sigue igual pero tu durante un tiempo lo ves distinto.
Le contaba lo que me pasaba y le decía que era una sabia y se reía mucho. Todo es por el tiempo. Siempre haces las cosas corriendo y eso no es nada bueno, nada bueno.
Que lindas las abuelas, verdad?
Besillos!
PS:Estoy intentando aplicarme su consejo

Isabel Verdú dijo...

¡Gracias por escribirme, guapa, qué ilusión!
Mira, además nadie me había contestado a este post y me preguntaba si no sería demasiado rollazo.
Sí, a mí esas visitas siempre me cuestan un poco de encajar en mi agenda, y luego al salir te lo hacen relativizar todo.
Vas a hacer "lo que més et convingui" entonces?? Lo hablas en general o eso supondrá algún cambio? Ya me tendrás informada.
Un besote y gracias otra vez.